15/1/15

Ascenso al volcán Planchón, el volcán que nos mostró su cara más amable.


Las vegas, las lagunas del Teno y el volcán Planchón de fondo

En diciembre habíamos acordado realizar como club un nuevo intento a este volcán, que con sus casi 4000 metros de altura, su reciente actividad volcánica y los relatos sobre el asombroso paisaje que brinda desde sus alturas, siempre me resultó atractivo. 


Día 1: El acercamiento

Para llegar tomamos la ruta j-25, la cual se une al camino internacional j-55 que conduce al paso Vergara. Aquí y cuando la aduana se encuentra abierta hay dos opciones para subir el volcán, la primera y más corta es pasando la aduana chilena para luego atacar desde el límite, o la otra más larga, antes de llegar a la aduana se toma un camino a mano derecha por el río malo que en 15 km llega a las lagunas del Teno. Nosotros optamos por la segunda opción que, pese a ser más larga, queríamos conocer.

Estacionamos en la casa del arriero y comenzamos la caminata. El día estaba despejado, corría bastante viento, lo que es normal en la zona. A los pocos minutos ya vemos la laguna y el gran volcán de fondo, una vista maravillosa. Ya casi al borde de la laguna comienzan a aparecen las vegas, llenas de flores y también visitadas por cauquenes (patos).

Nos tomó poco más de una hora bordear la laguna, pero es un trekking que se disfruta un montón, hasta que, casi al llegar al borde sur de la laguna, aparecen los primeros acarreos pero que en dos montes nos llevan prontamente por sobre los 3000 msnm.

De ahí y con vista a las lagunas, nos acercamos en dirección oeste por una meseta hasta el campamento base, cuya indicación teníamos por GPS. Encontramos un lugar protegido del viento, levantamos una pequeña pirca y armamos campamento. Ya instalados cenamos, nos tomamos un vino y tuvimos algunos avistamientos de luces desde un lugar que, sabíamos, era imposible llegar caminando. Disfrutamos del maravilloso cielo estrellado pero el frío nos mandó a acostar prontamente. 

Subiendo por el camino del río malo. Un camino complicado para vehículos de tracción simple.

El grupo listo para comenzar la travesía

Daniel subiendo con el cerro el palomo de fondo.

Bárbara en el primer avistamiento al gran volcán

una pareja de cauquenes en la laguna. (o también llamados caiquenes)

El hielo que aún no se va de la laguna y deja estas particulares formaciones.
Uno de los hitos que indica el límite de Chile con Argentina. En este, el viento hizo de las suyas. 

Llegando al sur de la laguna, comienzan los acarreos, aunque breves son muy empinados, y llevan a los 3000 metros en muy poco tiempo.

Daniel subiendo el segundo monte de acarreo

Por fin nos montábamos al plano. Ahora solo a buscar el lugar del campamento base

La torre Santa Elena se ve desde todo el trayecto. Entre más alto, mejor se va viendo.

El menú gourmet el día. Se las mandó Barbarita

Una foto de la mesete del campamento al atardecer.


Día 2: La Cumbre

El viento había parado durante la noche, me pareció muy raro por que todas las recomendaciones apuntaban a lo ventoso del lugar. Tampoco amaneció frio, fue una agradable mañana. Ya pasado las 6 comenzamos la caminata y mientras subíamos, el sol que aparecía lentamente nos enseñaba las grandes montañas de la zona, mientras las calmas aguas de las lagunas se encargaban de reflejarlas.

La pendiente aparece prontamente, así también los primeros acarreos que por suerte se encontraban consolidados. Seguíamos subiendo entre piedras volcánicas para luego llegar a una cresta expuesta la cual pasamos sin problema ya que el viento aún no hacía de las suyas. Desde la cresta la pendiente aumenta abruptamente mientras aparecen algunas arenas y rocas sedimentadas que van complicando el ascenso. 
Los últimos 200 metros fueron muy rápidos, Daniel que tenía la delantera llegó de sorpresa al cráter, no sin antes percibir el olor a azufre del volcán. Al par de minutos llegamos con Bárbara para celebrar el ascenso. Nos tomó 4 horas en llegar al cráter.


Comenzando el ataque, entre el colorido cielo y las montañas.

Los primeros rayos de sol descubren las grandes cumbres.

El amanecer entre las montañas

Estas torres están sobre la laguna

El gran zigzageo de acarreo que por suerte se encuentra bien compactado
Daniel remontándose en un filo

Esta es una cresta expuesta que se puede sortear por el costado.

Haciendo equilibrio en la cresta

Casi al llegar a la cumbre se observan penitentes al costado oeste del cerro.

Desde aquí la vista era extraordinaria, el Peteroa al frente con sus más de 4000 metros y sus enormes glaciares era imponente, los cráteres entre los dos volcanes eran asombrosos e impactantes, las lagunas del Teno hacia el norte eran un espectáculo maravilloso y lleno de colores, y los cumbres que podíamos ver a todo el rededor eran cientos, el Descabezado Grande, el peine, tres cuernos, la torre Santa Elena, el Sosneado en Argentina, el Tinguiririca y muchos otros grandes cerros. El planchón nos había regalado su mejor cara, un bonito día y un gran paisaje. Rebosábamos de felicidad.

No teníamos referencias de la cumbre (los 3977 msnm), así es que osé a caminar hasta lugares más altos, pero desistí luego de un rato porque estaba comenzando el viento y algunos compañeros de montaña han tenido allí sus peores experiencias por el cambio de clima, así es que decidimos bajar.


Una foto e la cumbre. Al frente el Peteroa y abajo los cráteres del complejo- Atrás el Descabezado grande, los Longaví, el toro y el campanario a la izquierda.

Uno de los tantos cráteres de la caldera. Los glaciares que los cubren se remontan hasta las faldas del Peteroa.

La foto de cumbre

Comenzando el descenso

Tomando atajos por los neveros
El descenso lo hicimos por el costado oeste de la ruta de ascenso, por un acarreo, y ya cuando teníamos una altura cercana al campo base cortamos camino hacia el este, atravesamos varios neveros cuyas nieves estaban más blandas. Nos tomó poco más de dos horas en bajar hasta el campamento base. En este descansamos, nos repusimos, levantamos campamento y partimos rumbo a la casa del arriero.

Llegamos cerca de las 7 de la tarde a la camioneta, y luego cerca de las 10 a Talca. En lo personal llegué con el cuerpo molido, pero muy lleno de energías por tan lindo cerro.

Sobre los avistamientos nocturnos, la ilusión se acabo en cuanto supimos que eran personas acampando, habían llegado a aquel lugar en bote.

Participamos:
Bárbara Meneses
Daniel Riquelme
Pablo Muñoz

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