1/1/15

Cruce Interreserva Altos del Lircay - Radal 7 tazas en bicicleta


Justo a los 2000 msnm apareció este gran muro de hielo.
Y lo cierto es que la montaña me embruja. De pronto llego a lugares que no me dejan partir, se confabulan con el cansancio y otras "casualidades" para detener mi rumbo. Así me sucedió cuando luego de 3 días de pedalear llegué al valle de “El bolsón”, llegué temprano a eso de las 4 de la tarde y tenía varias horas más de luz para continuar pedaleando pero el lugar me atrapó. Una gran montaña de fondo, un verde valle, las nubes que jugaban con la niebla y se confundían,  el ruido del agua que no  cesaba y el tiempo que parecía no avanzar.


La ruta es un pequeño y descuidado sendero que va desde la Reserva Nacional Altos del Lircay (San Clemente) y llega hasta el Parque nacional Radal siete tazas, en la comuna de Molina, cruzando por el cordón montañoso del Güamparo que se empina por sobre los 2000 msnm. Esta ruta la había intentado caminando hace algunos años, pero había fracasado por perder numerosas veces la huella. Ahora más preparado volvía a intentarlo pero con la bicicleta, desconociendo el estado actual de la huella y por sobretodo, si era propicio intentarlo sobre dos ruedas.

Esta es la ruta del sendero (Para GPS y Google Earth). 

Esta es la ruta general

Día 1
Las pilsenes del día sábado no me permitieron partir antes del medio día del domingo. Salí de Talca y al cabo de unas horas ya estaba próximo a llegar a Vilches, lugar desde donde comienza la Reserva Altos del Lircay. Para los últimos 15 kilómetros no hay pavimento y comienza una subida permanente hasta las mismas puertas de la reserva. Ese día pernocté en la cabaña de un amigo en Vilches Alto, tenía planes de ingresar a la reserva ese día, pero el agotamiento y la hora me vencieron.

La fiel compañera. Atrás parrilla flotante y una carga de 5 kg (aunque se ve muy abultada), adelante la carpa y un poco agua y comida en la mochila.

Día 2
Dormí más de la cuenta, y es que por ahora me muevo sin celular así es que tampoco tengo despertador. Salí a eso de las 10:00 y recién ingresé a la reserva pasado las 12:00. Luego de charlar con los guardaparques, comencé el pedaleo dentro de la reserva Altos del Lircay. Pedalear en la reserva es algo totalmente recomendable, aunque tiene algunos lugares dificultosos, son siempre mínimos. Yo llegué sin problemas hasta el punto 6 de la reserva, donde está el lugar de campamento.  Aquí comí y continúe hacia el Güamparo. Desde aquí y en unos pocos minutos aparece el cruce de caminos con; uno que conduce al valle del venado (mirador) y otro en dirección norte hacia el Güamparo. Al principio es una linda huella que luego se pierde en un cerro de grandes piedras que es necesario cruzar, además de algunos arroyos que te obligan a cargar la bicicleta. Ya en la parte alta del cerro se ve el cordón del Güamparo y los vallecitos que se refugian a sus pies.

A la bajada perdí nuevamente la huella y me distraje tanto pedaleando que me separé casi un kilómetro de la ruta, perdiendo al menos una hora. La huella sigue entre verdes humedales hasta llegar a las faldas del Güamparo. Desde aquí es necesario montarse a los cerros contiguos, que zigzagueando llegan hasta la parte superior el Güamparo. Casi al llegar arriba me cayó la noche, con esta una densa neblina y al poco rato se dejaron caer unos chubascos. Armé campamento y junté un poco de leña seca “por si acaso”.


En la entrada de la Reserva Altos del Lircay

En el "parador" tres cuernos, en el sendero de Chile.
Cruce de caminos. Aquí se debe tomar la izquierda, en dirección al Güamparo.
Subiendo el cerro de piedras en dirección al Güamparo. Atrás aparece por primera vez el Descabezado grande.

Cuando se pierde la huella, es importante buscar estos "hitos" e ir de uno a otro.

La huella continúa, alguna vez tan limpia como la foto.

Sobre la segunda loma de piedras, se puede ver los valles a los pies del Güamparo.

En el camino apareció el cerro manantial Pelado, que sobrepasa los 3000 msnm.

En algunos lugares la huella y el paisaje son increíbles para recorrerlas en bicicleta

Algunas partes con lodo, otras con mucha agua. Ya caía la noche.

Día 3
Desperté muy temprano, estaba nublado y el sol se escondía entre las nubes y los cerros. Desarmé campamento y continúe subiendo. Pasé por nuevas vegas y al llegar a los 2000 msnm me recibe una gran muralla de nieve, aquella que en invierno cuelga casi verticalmente del Güamparo.  Tuve que desviar ruta unos 200 metros para montarme en el hielo. Sobre este aparecen varias huellas con distintas direcciones, hay que tener mucha claridad de la ruta para no equivocar, aquí es necesario tomar la que va más a la derecha (aunque no nos guste) y que continúa siempre en dirección al Descabezado. Este sendero fue muy lindo pedalearlo, pasando por vegas y siempre con vista a los grandes cerros de la zona. Al poco andar aparecen los cerros del norte, el Planchón y el Peteroa, también el manantial pelado y las Ánimas. El pedaleo continúa por este filo hasta que se llega al borde norte del cordón y a la gran bajada. Desde este portezuelo se puede el bolsón, el fundo del guanaco, el valle del indio, el parque inglés pero lo que más destaca es un gran cerro en forma de torre que escondido entre las montañas parece no ser del paisaje, es el llamado cerro “Colmillo del diablo”. También se ve desde este portezuelo parte del sendero, que bordea peligrosamente los cerros, abajo se ven unas cascadas y una gran superficie de piedras antes de llegar al bolsón.

El campamento de la segunda noche, con el Güamparo a mi espalda.

Un pequeño descanso con dos grandes cumbres atrás; el Descabezado Grande y el Cerro Azul.
Por fin sobre el Güamparo, fue algo complicado montar la nieve endurecida.

La huella sobre el Güamparo, es sencillamente maravillosa.

La huella continúa en dirección al Descabezado Grande, que por esas hora se comenzaba a nublar.

La huella sobre el Güamparo

Una laguna en las vegas que están sobre el Güamparo

La Huella sobre el Güamparo.

La compañera posando con el Manantial Pelado

Ya al borde norte del Güamparo, se puede ver todo el valle y algunas grandes cumbres

Comenzando el descenso, por la cresta y luego la ladera de los cerros.

Comencé con el descenso y en un comienzo pude hacerlo pedaleando, siempre con mucha precaución puesto tenía un gran precipicio al lado, pero luego de unos minutos se me fue imposible volver a subirme a la bicicleta. La huella se perdía entre la empinada ladera del cerro, con rocas y material suelto, con arbustos que cubrían también lo que parecían las huellas. Cada vez que intenté subirme a la bicicleta no pasaban 5 segundos y ya tenía que bajarme. Fue así hasta llegar al bosque unos 300 metros más abajo, en el que pude montarme nuevamente pero de vez en cuando tenía que, por precaución, bajarme.

Termina el bosque que en medio tiene hermosos senderos para pedalear, y aparece el valle primero cubierto de grandes piedras de río. Aquí perdí la huella y no tenía más que dos o 3 putos GPS hasta el bolsón, me confié mucho y no tomé más, estaba arrepentido. Subí cerros pedregosos para luego bajarlos, atravesar ríos y volver a subir cerros pedregosos, todo con la bicicleta al hombro. Fue muy duro, tanto que al medio en un riachuelo decidí comer y tomar un gran descanso.

Al continuar decidí “seguir a lo derecho” hasta el siguiente punto GPS, distante casi un kilómetro, pero a los pocos minutos di con una gran huella, algo parecido a un camino de autos que me permitió desplazarme en bicicleta con facilidad hasta estar frente al Bolsón. De aquí en más la tenía simple, desde arriba pude ver la huella, retomarla, cruzar el río y ya estaba en el Bolsón.

Pasé por los refugios y lugares de campamento y todo estaba vacío. Pensaba en lo placentero del lugar y concluí que todo se me dio como un premio a la dura jornada, tanto así que al acercarme a un arroyo a sacar agua, encontré dos latas de cerveza que algún bebedor solidario dejó previendo que algún agotado y sediento ciclista llegaría por el lugar. Fue muy parecido a la felicidad.

Aunque era temprano, el lugar era demasiado perfecto para abandonarlo, así es que decidí armar campamento y pasar aquí la noche.

Por la noche escucho unos chubascos que al rato se intensificaron. Me costo, pero me volví a dormir.


El bosque abajo de los cerros.

Un salto de agua. Al ser basaltos se forman grandes saltos y tacitas en varios lugares.

Llegando al Bolsón, en el Parque Nacional 7 tazas.

El colmillo del diablo. Una gran torre que está escondida entre las montañas.

Un bebedor solidario me dejó este premio al esfuerzo, y para ser también solidario, me tomé solo una (aunque me costo)

Felicidad

Meditación

El maravilloso campamento, con vista al colmillo del diablo.

Día 4
Amaneció nublado y la carpa estaba muy mojada. Debió haber llovido bastante por la noche. Recogí campamento y continué pedaleando. La huella de aquí en adelante es muy clara y en algunos lugares es increíble para pedalearla, totalmente recomendado, aunque tiene sus partes peligrosas.

Llegue muy pronto al inicio el sendero, debió haberme tomado unas dos horas o menos. Disfruté mucho pedalearlo, pero se acabó y volví al camino vehicular y con este a la civilización. Me dio una sensación encontrada de alegría por haber cumplido la meta pero también pena por que dejaba la montaña. Ahora a pedalear a Talca.

Para retornar, tomé una ruta que poco más abajo del radal bifurca al sur y pasa por “La Placeta” y luego “Los Montes” y sale en la ruta internacional Pehuenche. Hasta Talca fueron unos 100 kilómetros bastante duros, en medio de chubascos y el agotamiento de las 4 jornadas de pedaleo, pero al llegar a Talca la ciudad me recibió con fuegos artificiales. Bueno, nunca supe si fue por mi llegada o porque esa noche se celebraba el año nuevo.


La huella en el sendero de Chile, dentro del parque Radal

Casi llegando a la administración del parque, un camino entre las flores.

De regreso a la civilización (con sentimientos encontrados)

El Velo de la novia, que está al costado del camino.

El camino de "La placeta"

Ya próximo a llegar a San Clemente, luego de 30 km se termina el ripio.

Como conclusión, fue un durísimo viaje, el cual no es apto para bicicletas, más todo el esfuerzo valió la pena por pedalear sobre el cordón del Güamparo y por los senderos de ambas reservas. Sin embargo es un sendero maravilloso, que deben hacer siquiera caminando, pero si quiere intentarla en dos ruedas le puedo recomendar:
- La bicicleta muy ligera de peso (no lleve cosas innecesarias), con cambios y frenos bien ajustados.
- Considere elementos de protección como casco, guantes y si puede, rodilleras y coderas.
- Use pantalón largo, puesto las piedras y arbustos le dejarán varios recuerdos (Como me pasó a mi).
- Tómese la ruta con calma y disfrútela, así también tómese con calma las bajadas.
- No corra riesgos innecesarios (sobre todo bajando). Ud. estará en un lugar apartado donde no será fácil rescatarle o acudir en su ayuda.
- Vallan con bastante información de la ruta, en lo posible GPS, mapas y brújulas. La huella se pierde y confunde con facilidad.

Quedan invitados a pedalear al menos por estas dos hermosas reservas.

Participamos en esta aventura:
- La fiel compañera y yo.

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